Nuevos desafíos y nuevas tareas en los católicos de hoy y del mañana.

En cualquier tiempo la fe cristiana ha implicado desafíos múltiples en los verdaderos seguidores de Jesucristo.

Ya el concilio Vaticano II marcaba para los católicos caminos de renovación profunda tanto en el conjunto de la Iglesia como en las vidas individuales de los creyentes católicos. Renovación profunda que no ha sido asumida por todos.

Después del Vaticano II han ido apareciendo múltiples documentos y acontecimientos en la Iglesia que de alguna manera concretizan los desafíos del momento actual para los católicos, que ni es posible ni pretendo resumir aquí en breve espacio. Simplemente haré referencia a algunos de esos desafíos. Y aunque no coloco citas textuales, mucho del contenido está inspirado en diferentes artículos de la revista Vida Nueva, que nos llega de España.

Como afirmaba el papa Francisco en un discurso a la curia romana el 22 de diciembre del 2019,”NO ESTAMOS VIVIENDO UNA EPOCA DE CAMBIOS, SINO UN CAMBIO DE EPOCA”.

El cambio de época implica renovar el universo mental y estructural en que se viven las propias creencias. Exige un encuentro de la Fe con las múltiples culturas donde se asienta esa Fe. Aunque el contenido de la fe sea estable, el escenario donde se encarna la fe es cambiante en el espacio y en el tiempo y así la revelación es dinámica. Por ello a nueva época corresponden desafíos nuevos.

En el documento de Aparecida se detallan algunos de esos desafíos, principalmente en cuanto a la dimensión sociológica. (DA 33-34).

El dinamismo de la inculturación se asienta al menos en 3 pilares:

– Adhesión o fidelidad a Jesucristo.

– Adhesión o fidelidad a la Iglesia.

– Vivir la tradición o historia (universo mental y estructural cambiante en cada época y en cada lugar). Esto que podemos llamar “sistema” o andamiaje donde esa fidelidad a los 2 primeros pilares toma cuerpo.

En el cristianismo tradicional de épocas anteriores al concilio Vaticano II la fe se ha centrado en el conjunto de doctrinas y la religión en prácticas externas evaluables. Sin quitar eso hay que priorizar la fe como encuentro con Dios y con Jesucristo.

En este sentido INDICO ALGUNOS DE LOS DESAFÍOS QUE MARCAN LAS ORIENTACIONES RECIENTES DE LA IGLESIA PARA ESTA NUEVA EPOCA QUE NOS TOCA VIVIR:

-Primeramente, tener en cuenta que la estructura básica de la Iglesia está presente ya en la primitiva iglesia: “pequeñas comunidades en comunión y participación” (He. 2,42; 4,32). Comunidades vivas y vivificadoras.

-Una Iglesia sinodal. En camino y en diálogo hacia dentro y hacia afuera. Abierta a las novedades del Espíritu Santo.

– Un laicado creyente y corresponsable, superando el clericalismo y el laicismo.

– El Magisterio que se sitúe a la escucha del pueblo de Dios y dando importancia y cabida a los nuevos ministerios.

– Opción preferencial por los pobres, descartados o marginados, periferias, jóvenes, por la naturaleza, por el cuidado de la casa común.

– Conversión comunitaria e individual. Ser constantes en testimoniar la fe, como nos dice San Pablo “a tiempo y a destiempo” sabiendo que en la actualidad la gente se mueve más que por las  razones, por la imagen que damos.

– Reconocer que ya no estamos en un régimen de cristianismo, sino en régimen de secularismo, de marginación de lo religioso y, en muchos lugares, de persecución a la fe cristiana. Situación de indiferencia generalizada: se ignora a Dios y se tiende a marginar e ignorar a la Iglesia.

-En esta época de aterrizaje en lo material, en lo tangible, en lo consumible, en lo demostrable, practicar e invitar a la transcendencia, afirmando nuestro actuar en los valores no perecibles y en los criterios evangélicos, poniendo a Dios en el primer lugar.

Mantener la esperanza y la confianza en la presencia de Dios y en la fuerza renovadora de la espiritualidad cristiana: nueva evangelización testimoniando a Jesucristo como Señor y centro de la historia. (Camino, Verdad y Vida). Urge una experiencia viva de Dios y de Jesucristo.

– La renovación espiritual en las familias y en la vida profesional de cada cristiano, así como en la organización de la sociedad, buscando un nuevo orden social y nuevos hábitos de vida en el uso de los bienes y en las relaciones.

– Viviendo en la Iglesia la hermandad y la solidaridad por encima de las deficiencias y limitaciones organizativas que podemos ver, sabiendo que nuestra Iglesia es santa y constituida por pecadores.

– Necesario es identificarnos como cristianos y como parte de la Iglesia, valorando y defendiendo la libertad de culto.

– Practicando una fe de obras, fe comprometida. Recordando lo que nos dice el apóstol Santiago “…Así también la fe si no tiene obras está realmente muerta” (Sant. 2,17-18).

– Sabiendo que tenemos que navegar conta corriente:

. En un mundo de intereses individuales, apostar por lo común.

.         “         acelerado, invitar a la espera

.         “         ceñudo y tristón, invitar a la risa, sostener y defender la alegría

.         “         anónimo, invitar a la cercanía y acompañar

.         “         con víctimas, ponernos a su lado

.         “         movido por el dinero, invitar a compartir y a la austeridad

.         “         que contamina, invitar a sanear el ambiente

La solidaridad debe ser expresión del amor, de la comunión y de la hermandad, asumiendo los desafíos que el papa Francisco señala en la encíclica sobre la fraternidad.

Ello implica superar el miedo y sentirnos enviados, misioneros, como San Pablo: “predicar para mi no es motivo de gloriarme, es un deber, Ay de mi si no predicara” (1 Cor. 9,16).

Recordando siempre que la vida es don y tarea. La vida es don, no se completa sin la gracia de Dios, ni tampoco en esta vida terrenal. La vida es tarea en cuanto somos administradores, no dueños de la vida, que debemos ponerla al servicio de los demás.

El post-covid 19 nos marca, a todos, un cambio de rumbo en las vidas personales y en la sociedad en su conjunto. Se ha desmoronado nuestra autosuficiencia y la excesiva dependencia de la ciencia y de la tecnología. Recuperar la libertad para elegir, para decidir, para apartarnos de los malos usos, de los vicios y de los hábitos que dañan y enferman.

Que la economía y las finanzas se orienten hacia el desarrollo humano integral. No solo para tener más, sino PARA SER MAS

P. Basilio Mateos Colinas OSA