Los pies manchados de barro

Los agustinos llevamos más de un siglo con los pies manchados de barro en la selva amazónica. Cada visita que hacemos a las comunidades es dar el regalo que Dios nos ha concedido por medio de la fe, reflejado en nuestra vida y recibir los anhelos, las alegrías y tristezas de un pueblo que nos quiere. El misionero que ha dedicado su vida a la Amazonía se ha encontrado con una tierra que gime y clama justicia.  El Espíritu Santo los ha acompañado dándoles la voz necesaria para ser portadores de esperanza y consuelo.

Actualmente sufrimos una recesión económica muy fuerte, la política nacional está pasando por momentos de inestabilidad que desconciertan y las comunidades nativas se han puesto en pie de lucha para exigir ser escuchados y que sus demandas sean cumplidas. Estos acontecimientos hacen que la iglesia deba dar respuestas desde la mirada de Dios, ayudada con la oración y la presencia del Espíritu.

La parroquia Santa Rita de Casia ha sufrido junto a las comunidades nativas el dolor del abandono y rechazo de muchas propuestas de mejoras por parte de los organismos del estado. La reunión realizada en la comunidad nativa de Saramurillo, en el año 2016, abrió un camino de muchas expectativas para los moradores que vivimos en estas tierras. Estas aspiraciones se encontraron con el muro de la indiferencia y la falta de voluntad por cumplir los acuerdos firmados.  Dos años después, en la ciudad de Nauta, se firma un nuevo acuerdo, donde se prioriza esencialmente la sanidad y la educación.  

Hasta la fecha de hoy poco se ha avanzado. Esta situación ha producido que tanto las comunidades como las organizaciones indígenas se hayan movilizado por medio del bloqueo de los ríos de sus territorios. Para desbloquear esta situación y siguiendo el mismo esquema se crean reuniones, en las cuales hemos participado como iglesia.

La iglesia ha participado en la última reunión que se ha realizado en Nueva Alianza a petición de la plataforma de los pueblos nativos de la cuenca del río Urituyacu y Nueva Alianza. La parroquia se puso en oración, pidiendo la ayuda del Espíritu para que fuera un instrumento de Dios. Confiando en su ayuda, el párroco se unía a la comitiva de los diferentes organismos estatales. El día de la reunión, el sol y la calurosa acogida de los moradores recibió a la comisión con la esperanza de que sus peticiones fueran cumplidas. Comenzó la reunión con el eco en el cual la iglesia pidió a la comisión que hubiera un verdadero dialogo y primara la sinceridad.  Seguidamente la PCM expreso la preocupación de la situación actual del país debido a la vacancia del presidente. Este hecho marcó ciertas peticiones que tenían que ser atendidos por dicha institución.

Posteriormente ante esta información se hizo un corto receso para que ambas comisiones preparan sus estrategias. Mientras el estado empezó abogando por la información de cómo iban avanzando las peticiones propuestas. El pueblo dirigido por sus Apus apostó que se fuera analizando punto por punto cada petición de una manera analítica. Y así fue desarrollándose el transcurso del día llegando a tres acuerdos importantes:

Creación de una posta medica en Nueva Alianza y el estudio por parte de la Diresa (dirección regional de salud) de las necesidades sanitarias de la cuenca del Urituyacu.

Petición a la OEFA por parte de la defensoría del pueblo con el apoyo de la iglesia y el MINEM para que se remedie la contaminación.

Creación de una comisión dentro del plan de cierre de brechas con la participación de los doce Apus que conforman la plataforma, los organismos estatales y el municipio para que se haga un seguimiento a los proyectos aprobados.

La reunión no estuvo exenta de cierta tensión. Dos representantes de la compañía Petroperú expresaron bien claro que hasta que no tuvieran el informe de la OEFA no podían empezar a remediar la contaminación. Pero el punto más álgido fue cuando se trato el asunto de los trabajos a realizar y quien debería desempeñarlos. Tras mutuas acusaciones por las dos partes no se llegó a ningún acuerdo común. Tras más de ocho horas de reunión con el cansancio en las espaldas, peticiones que no llegaban a ningún fin se acordó una nueva reunión a definir tras la situación que atraviesa el país.

Tener una iglesia profética implica estar del lado de los que más sufren. Esto lleva a que la iglesia no puede ser neutral, debe buscar y ser fiel siempre la verdad:

Si es bien sabido que el Estado debería velar por el bien del pueblo muchas veces no cumple dicha función. En este contexto es misión de la iglesia no dejarse “engatusar” y caer en falsos argumentos que propician una visión estatalista donde el estado es bueno y la iglesia queda relegada para “dormir al pueblo y aplacar su descontento”.

Decir la verdad crea enemigos. Defenderla conlleva a sufrir persecución. La empresa petrolera Petroperú en el río Marañón se ha convertido en causante de mucho dolor y daño a la casa común. Es misión de la iglesia desenmascarar sus atropellos y ponerlos a la luz. Es una alegría constatar cómo ha logrado llevarlos a la justicia y a la corte Iberoamericana de Derechos Humanos. Es de especial importancia que se mantenga alerta y siga siendo valiente en gritar y desenmascarar sus atropellos.

Por desgracia muchos moradores sucumben al dinero. Esto produce que las luchas indígenas no miren el bien del pueblo. La iglesia con la ayuda del Espíritu debe discernir y desenmascarar también estos sucesos.

La comisión que conforman las comunidades nativas de la cuenca del río Urituyacu junto a Nueva Alianza se sienten iglesia. En nosotros, los Agustinos, han vislumbrado un atisbo de la presencia de Dios. Nos estiman y nos quieren. En Nueva Alianza nos invitaron a ser parte de su vida y nos dieron el derecho de participar a que seamos voz de sus deseos de justicia. Conocemos muy bien la realidad de la cuenca del Urituyacu.

Una parte de la amazonia que ha estado por muchos años abandonada por el Estado y que hoy reclama lo que es justo. Que Dios por medio de la oración nos acompañe y envíe su Espíritu para que seamos una iglesia manchada de barro y acorde al Evangelio de su Hijo.

Fray Luis Fernández García O.S.A